28.5.09

Todas somos Aleida



Aquí cayó un pensamiento...

Quien alguna vez haya sufrido la incertidumbre de su propia existencia me podrá comprender.

¿A caso alguna vez te has preguntado si lo que a lo largo de tu vida aprendiste que debías hacer es realmente lo que debes hacer? O peor aún... ¿Te has preguntado si aquello por lo que sufriste y trabajaste para conseguir, lo que actualmente haces, es lo que realmente te hace feliz?

Primeramente habría que definir el término hacer: ¿qué debemos hacer en nuestra vida? Fuimos educados (para bien o para mal), vivimos un conjunto de experiencias únicas que nos definieron como seres diferentes e independientes, individuales. Dentro de nuestra mente se concibe toda la información que nos permite ser únicos,  se supone que debemos de utilizar dicha información para HACER algo en esta vida…

¿Cuál será el procedimiento que debemos seguir quienes tenemos toda esa información acumulada en nuestro historial y aun así no es suficiente para tener la idea clara y concreta?

Un buen ejemplo es Aleida, ella es un personaje cuyo procedimiento consiste en esconderse detrás de un exquisito sarcasmo en contra de sus peores fantasmas. Todas tenemos algo de Aleida, aunque tal vez aún exista una que otra princesita que aún conserva en su comportamiento diario toda aquella basura conservadora sobre la que aprendió lo que se debe hacer.

Tal vez el error consiste en revelarse a toda esa basura conservadora… (al fin de cuentas las princesitas no parecen sufrir de agotadores lapsos existenciales).

Aun así prefiero vivir una vida exhaustivamente existencial que vivir una vida eternamente insoportable.

10.12.08

Palabras de una misógina


Aquí cayó un pensamiento...

“El Lunes de Pascua, los varones checos solían recorrer el pueblo azotando a las mujeres y chicas con varitas de sauce entrelazadas para que se mantuvieran sanas durante todo el año. A las muchachas las empujaban a un chapuzón en el arroyo o las rociaban con agua para que conservaran su frescor. Los varones recibían a cambio huevos de Pascua, bellamente decorados.”

El anterior es solo un ejemplo más de entre millones en los que se han realizado prácticas que castigan, ridiculizan y reducen a la mujer. Hoy en día podría decirse que la sociedad ha avanzado un poco en la manera tan primitiva y absurda que ha actuado, pero esto significa que aún queda mucho por avanzar. Yo creo que si algunas mujeres no fueran tan pendejas, no nos faltaría tanto por avanzar. La sociedad misógina de todos los tiempos ha terminado por convertirnos en misóginas a las propias mujeres. Yo misma me considero misógina, no soporto las absurdas conversaciones de algunas mujeres, ni las frivolidades a las cuales están aferradas, el prejuicio que las domina, el anhelo absurdo de casarse por sobre todas las cosas, la necesidad de ser aceptadas por la sociedad para poder creer que son ALGUIEN, el hecho de valorarse a sí mismas a través de los ojos de los demás, sentirse alguien por el hecho de poseer cosas, algunas mujeres realmente necesitan materializarse a sí mismas para poder valorarse, se convierten en mercancía, hacen su propio plan de marketing para finalmente venderse al mejor postor. ¿Y después qué? Ya una vez casadas proyectar una vida de princesas cuando en realidad lo único que hacen es criar bastardas y bastardos de su tipo y soportar las agresiones físicas y psicológicas que su príncipe azul les atasca cada noche y que ellas están dispuestas a soportar con tal de seguir proyectando una vida perfecta en la mente de otras personas. Estas mujeres si se merecen el ser perseguidas y azotadas con varitas de sauce.

Y qué decir de los hombres, tampoco soy muy fan de algunos de ellos, más bien de aquellos a quienes su misógina madre les hizo creer en su infancia que merecían más de lo que cualquier mujer les pudiera dar. Aquellos quienes se creyeron que son tan grandiosos y maravillosos por el hecho de poseer ese pene tan “especial” que cualquier mujer es nada a su lado. Aquellos quienes se casan con las pendejas antes mencionadas y se sientan a dos nalgas a recibir toda la veneración que su mujercita está “obligada” a darle. Aquellos quienes creen que por tener huevos están en todo el derecho de recibir los huevos de pascua bellamente decorados.